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Claro de Luna

Del poeta joven José Asunción Silva, el primer fragmento de su inspirado “Nocturno” como preámbulo y paralelo de los profundos “Clair de Lune” de Claude Debussy y el primer movimiento de la sonata “Claro de Luna – Mondscheinsonate” de Ludwig van Beethoven:


Una noche… una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas

una noche, en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas

a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda… muda y pálida,

como si un presentimiento de amarguras infinitas, hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara

por la senda florecida que atraviesa la llanura… caminabas

Y la luna llena, por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca

Y tu sombra, fina y lánguida… y mi sombra, por los rayos de la luna proyectadas

sobre las arenas tristes de la senda… se juntaban

Y eran una… y eran una, y eran una sola sombra larga

y eran una sola sombra larga… y eran una sola sombra larga




Un ignorante más

No es por nada pero sé que no soy un ignorante.

Y lo lamento, porque el haberlo conseguido me ha revelado que era mejor seguir siéndolo.

Cuando era bien ignorante, vivía más, reía más y me preocupaba menos; pues no sabía de qué…

Ni siquiera intuía que era ignorante.

Hoy que no lo soy, me doy cuenta que jamás lo he sido tanto

y temo seguir en mis intenciones por dejar de serlo, si ya sé que más adelante lo seré más.

Ojalá me diera cuenta que sigo siendo un ignorante para luego olvidarlo y dejar de serlo.

Por lo menos puedo intentarlo:

— No es por nada pero en este momento, ¡me doy cuenta que soy un ignorante! —

Ahora lo difícil… tengo que olvidarlo.

Textura

Me gusta el color de estas hojas.

Ya he repasado este libro varias veces y me ha gustado tanto, que prefería no escribir, no rayar, no manchar, no dibujar.

He aprendido a encontrar el texto en el libro vacío,

como el pintor calca la imagen que ve su mente sobre el blanco lienzo, aunque  la mía haya sido hasta ahora

incapaz de distinguir claramente lo que se oculta en cada una de las páginas, que pletóricas de voces e impresiones

transmiten el bullicio…

Es preciso concentrarse en la textura de las hojas para ir retiñendo el texto, ya que son ellas las que hablan y no yo.

Yo soy su instrumento,

pero retribuyen mi servicio ya que me dejan tocarlas,

me permiten resbalar suavemente sobre su piel mientras me cuentan sus pensamientos…

Sentir y saber me parece un buen precio.

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